La ruptura de la alianza entre el PRI y el PAN, se revela varias verdades incuestionables. En primer lugar, queda claro que lo que denominaron pomposamente como «Fuerza y Corazón por Baja California» carecía de ambas cualidades. Además, la falta de capacidad para la colaboración entre los líderes, enceguecidos por la ambición, resultó en un fracaso en la distribución de candidaturas. Es decir, no pudieron dividir un botín inexistente que, de todas formas, no habrían logrado conquistar.
Lupita Gutiérrez y el señor Mario Osuna seguramente están ocupados atendiendo las demandas de sus débiles bases militantes para asegurar la supervivencia de sus partidos, ya que dependen de las prerrogativas otorgadas por las autoridades electorales. Ganarle a MORENA se ha vuelto una empresa prácticamente imposible.
Desde hace tiempo hemos afirmado que en Baja California no existe una oposición real, y eventos como este solo refuerzan esa percepción. Esto parece aplicarse no solo a nivel estatal, sino a nivel nacional. En este contexto, la Cuarta Transformación liderada por Andrés Manuel López Obrador a nivel nacional, y Marina del Pilar Ávila Olmeda a nivel estatal, avanza sin obstáculos hacia una victoria casi segura el próximo 2 de junio.
En Baja California, seis de los siete candidatos a alcaldes ya han sido definidos, y pronto conoceremos los 17 nombres de los candidatos a diputados locales. Será interesante observar si el PT o el PES logran rescatar algún distrito, ya que ni el PRI ni el PAN parecen tener más opción que librar una batalla desesperada por no desaparecer.
Para los políticos locales debe resultar desconcertante ver cómo el bipartidismo conformado por el PRI y el PAN, que una vez gobernó México, ahora se encuentra debilitado, sin recursos y desorientado en el campo de batalla electoral, luchando por sobrevivir una vez más. Veremos si lo logran, aunque será difícil sin el respaldo de los votantes.













