El mensaje fue brutal y llegó en el peor momento.

Mientras el Gobierno federal desplegaba operativos, vigilancia y presencia de la Guardia Nacional alrededor del Estadio Caliente por la próxima estancia de la Selección de Irán rumbo al Mundial FIFA 2026, un cuerpo amarrado y abandonado dentro de un vehículo apareció precisamente en esa misma zona.

La escena rompió de golpe el discurso oficial.
Horas antes, desde Palacio Nacional autoridades presumían coordinación, prevención y seguridad internacional. Pero la realidad en Tijuana volvió a imponerse: ni los convoyes, ni las patrullas, ni la presencia federal pudieron evitar que la violencia se hiciera visible justo en el punto que hoy busca proyectarse al mundo como una sede segura para el futbol internacional.
El hallazgo no solo representa otro hecho de alto impacto en una ciudad golpeada por la inseguridad. También exhibe una crisis más profunda: la incapacidad del Gobierno Mexicano para recuperar el control total del territorio, incluso en zonas prioritarias y bajo reflectores internacionales.
Y el golpe político inevitablemente alcanza al secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch.
Es evidente que cuando un acto de este tipo ocurre horas después de anunciarse refuerzos de vigilancia, el mensaje de los grupos criminales parece muy claro pues la presencia federal no intimida, no disuade y menos garantiza control.
Tijuana se ha convertido en una ciudad donde los operativos duran más en los comunicados que emite el Gobierno Federal desde Palacio Navional . La población sigue observando patrullas, retenes dea Secretaría de Seguridad Federal mientras la violencia continúa apareciendo en avenidas principales, colonias transitadas y ahora incluso en las inmediaciones del complejo donde entrenará una selección mundialista.
El problema para el Gobierno federal no es únicamente el hecho criminal. Es la imagen que deja.
México se prepara para recibir la Copa Mundial de 2026 bajo la promesa de mostrar capacidad logística, seguridad y estabilidad. Pero escenas como esta colocan nuevamente a Tijuana en el escenario internacional por las razones equivocadas.
La ciudad fronteriza vuelve a enviar un mensaje incómodo: mientras el gobierno intenta proyectar orden, los grupos criminales siguen demostrando capacidad para desafiarlo públicamente.
Y eso convierte cualquier operativo en una fotografía momentánea, no en una estrategia verdaderamente efectiva.












