Los partidos de Irán están siendo tratados como encuentros de alto riesgo. Hay protestas, operativos especiales y una atención internacional que va mucho más allá de lo deportivo.
Lo que me llama la atención es ver en redes sociales a personas descargando su enojo contra los jugadores iraníes, como si ellos fueran quienes toman las decisiones políticas de su país. Como si un delantero, un defensa o un portero fueran responsables de conflictos internacionales.
No confundamos las cosas.
Se puede estar a favor o en contra de cualquier gobierno. Se puede protestar y expresar una postura política. Pero otra cosa muy distinta es señalar a deportistas que llegaron a competir en una Copa del Mundo.
Tijuana quedó en medio de esta historia. Mientras muchos volteaban hacia otro lado, esta frontera abrió espacio para que una selección pudiera concentrarse y participar en el torneo. Eso también habla de quiénes somos.
Ya habrá tiempo para los debates políticos. Para eso existen otros espacios. La cancha no debería convertirse en un tribunal y los jugadores no deberían cargar con responsabilidades que no les corresponden.
Vamos, gente. No usemos el Mundial como una bandera política. Si queremos dar un mensaje al mundo, que sea uno de respeto, civilidad y madurez. El futbol ya tiene suficientes rivalidades como para agregarle odios que no nacieron en la cancha.













