La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Tijuana dejó mucho más que un recuento de programas y obras federales para Baja California. En una avenida Revolución abarrotada, la gira de rendición de cuentas de la mandataria terminó convirtiéndose también en una fotografía del momento político que vive Morena en el estado.
El encuentro ocurrió en un contexto particularmente relevante. Apenas unos días antes se había definido el proceso interno de Morena que colocó a Julieta Ramírez en una posición central dentro de la estructura política estatal rumbo a 2027.

Por eso, entre las miles de personas que se concentraron para escuchar a la presidenta, las miradas también estuvieron puestas en quiénes asistieron, cómo se acomodaron las fuerzas políticas locales y qué mensajes dejaron sus protagonistas.
Julieta Ramírez y la nueva fotografía de Morena
Julieta Ramírez llegó al encuentro presidencial con un peso político distinto.

Su presencia adquirió relevancia después del resultado del proceso interno de Morena, en el que también participaron otras figuras del partido con aspiraciones políticas. Lo ocurrido posteriormente ha estado marcado por llamados públicos a la unidad y a cerrar filas.
Entre esas figuras está el alcalde de Tijuana, Ismael Burgueño.
Después de no resultar favorecido en el proceso, Burgueño reconoció el resultado, felicitó a Julieta Ramírez y llamó a continuar trabajando en conjunto, colocando públicamente la unidad del proyecto por encima de las aspiraciones individuales.
Su presencia durante la visita presidencial permitió cerrar, al menos en la imagen pública, un primer capítulo después de aquella competencia.
Burgueño volvió a aparecer plenamente en su papel de alcalde, acompañando a la presidenta y formando parte de una concentración en la que coincidieron los principales liderazgos políticos de Morena en Baja California.
La fotografía es significativa: Julieta Ramírez en una nueva posición política; Burgueño nuevamente concentrado en el gobierno de Tijuana; Marina del Pilar encabezando la representación del estado y Claudia Sheinbaum como figura articuladora del movimiento y del gobierno federal.
Eso no significa que las diferencias internas hayan desaparecido ni que el proceso rumbo a 2027 esté resuelto. Pero públicamente el mensaje que se proyectó en Tijuana fue de cierre de filas.
El espaldarazo a Marina del Pilar
Si hubo otro mensaje político importante durante la visita fue el respaldo de Claudia Sheinbaum a la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda.

Y ese respaldo quedó ligado a uno de los temas más sensibles para Baja California: el agua.
Desde el escenario, Sheinbaum recordó las gestiones realizadas por la gobernadora para atender el abastecimiento en la Zona Costa y confirmó uno de los proyectos de infraestructura más importantes para la entidad: la planta desaladora de Playas de Rosarito.
La presidenta anunció que se colocará la primera piedra de una obra cuya inversión prevista ronda los 12 mil 500 millones de pesos y que busca fortalecer el suministro de agua para Tijuana y Playas de Rosarito.
El anuncio tiene un significado que va más allá de una inversión federal.
Durante años, el crecimiento de Tijuana y Rosarito ha mantenido bajo presión el abastecimiento de agua. La desalación ha aparecido en diferentes momentos como una alternativa para disminuir esa vulnerabilidad, pero anteriores proyectos no lograron traducirse en una planta de la magnitud que ahora se plantea.
Ahí está una de las lecturas políticas más importantes de la visita presidencial.
Al reconocer públicamente las gestiones de Marina del Pilar y colocar al gobierno estatal junto al federal en el arranque del proyecto, Sheinbaum le permite a la gobernadora asociar la recta final de su administración con una obra destinada a enfrentar uno de los problemas históricos de Baja California.
Y si bien una desaladora no resolverá por sí sola todos los problemas hídricos del estado. Su impacto dependerá de que la obra efectivamente se construya, entre en operación en los tiempos previstos y se acompañe de infraestructura suficiente para conducir y distribuir el agua.
Pero políticamente la apuesta es evidente: convertir un problema histórico en una de las obras emblemáticas del cierre de gobierno de Marina del Pilar.
Y para la gobernadora, el respaldo presidencial llega en un momento importante de su administración.
Una Revolución abarrotada
La dimensión de la concentración fue otro elemento imposible de ignorar.
La avenida Revolución estuvo llena y en distintos puntos resultaba complicado desplazarse entre los asistentes. Desde horas antes comenzaron a llegar contingentes, simpatizantes, funcionarios, integrantes de estructuras políticas y ciudadanos procedentes de diferentes municipios.
La cifra oficial difundida posteriormente habló de más de 50 mil asistentes. Al tratarse de una estimación gubernamental y no existir un conteo independiente, debe entenderse precisamente como eso: una cifra oficial.
Lo que sí pudo observarse fue una movilización considerable.
Hubo llegada organizada de grupos y unidades de transporte, además de una fuerte presencia de estructuras políticas. Pero también ciudadanos que acudieron por cuenta propia para escuchar a la presidenta o intentar acercarse a ella.
La concentración terminó por desbordar varios espacios alrededor del evento. A la salida, la cantidad de personas que intentó aproximarse a Sheinbaum dificultó incluso el avance de su vehículo.
Más allá de cualquier cálculo sobre el número exacto de asistentes, Morena volvió a mostrar en Tijuana capacidad de movilización.
Y lo hizo después de un proceso interno que pudo haber dejado fracturas una de las candidatas.
Telnor: la protesta que rompió el discurso de celebración
No todos llegaron para celebrar
Entre la multitud aparecieron trabajadores de Telnor que aprovecharon la presencia de la presidenta para visibilizar un conflicto laboral relacionado con el despido de alrededor de 200 trabajadores.
Con pancartas y consignas reclamaron atención a su situación laboral e intentaron entregar directamente sus demandas a Sheinbaum.
Su presencia representó un contraste frente al discurso oficial.
Mientras desde el templete se hablaba de resultados, programas sociales e inversiones, a unos metros trabajadores buscaban abrirse paso entre miles de personas para colocar un conflicto laboral en la agenda presidencial.
Finalmente representantes de los trabajadores lograron aproximarse al vehículo de la presidenta y hacer llegar un documento con sus planteamientos.
Fue una escena pequeña frente a las dimensiones del acto, pero políticamente relevante: dentro de un evento construido alrededor de los resultados gubernamentales también apareció una demanda que permanece sin resolver.
Los números del gobierno federal
Sheinbaum aprovechó su estancia en Tijuana para hacer un recuento de los programas sociales y proyectos que su administración desarrolla en Baja California.
Habló de cientos de miles de adultos mayores beneficiarios de pensiones; apoyos para personas con discapacidad; becas para estudiantes de preparatoria y secundaria; programas para niñas y niños y la implementación de Salud Casa por Casa.
En vivienda destacó la construcción proyectada de más de 80 mil hogares, principalmente para trabajadores y familias de menores ingresos, además de reducciones, condonaciones y soluciones para personas que arrastraban problemas con antiguos créditos hipotecarios.
También incluyó entre los proyectos estratégicos el Viaducto Elevado de Tijuana, las acciones de saneamiento del Río Tijuana, infraestructura carretera, hospitales, nuevas preparatorias y proyectos de educación superior.
El mensaje buscó trasladar el informe presidencial a la realidad concreta de Baja California: cuánto dinero llega, cuántas personas reciben apoyos y cuáles son las obras que el gobierno federal pretende dejar en el estado.
La política detrás del informe
Pero en política las imágenes también cuentan.
Y la que dejó Tijuana reunió en un mismo espacio varios procesos que están ocurriendo simultáneamente en Baja California.
Por un lado, Julieta Ramírez apareció después de un resultado interno que modificó el tablero político de Morena rumbo a 2027.
Por otro, Ismael Burgueño regresó a la escena como alcalde de Tijuana después de reconocer ese resultado, llamar a cerrar filas y comprometerse a seguir trabajando en conjunto.

Y en el centro permaneció Marina del Pilar, acompañando a la presidenta y recibiendo un respaldo que no solamente se expresó en palabras, sino en la asociación de su gobierno con proyectos federales de gran escala.
La visita de Sheinbaum permitió así mostrar una imagen de unidad después de días de competencia interna.
Habrá que observar cuánto dura y cómo se traduce esa unidad cuando se acerquen las siguientes definiciones políticas.
El agua como legado
De todos los anuncios, quizá ninguno tenga para Baja California el peso de la desaladora.
El agua condiciona el crecimiento de la Zona Costa, su desarrollo económico y la vida cotidiana de millones de habitantes. Cada verano, cada reducción en el suministro y cada discusión sobre la dependencia de fuentes externas recuerdan que el problema sigue ahí.
Otros gobiernos hablaron de desalación. Hubo proyectos, contratos, controversias y planes que finalmente no consiguieron materializar una solución de largo alcance.
Por eso esta obra será también una prueba política.
Si la desaladora avanza y logra convertirse en una fuente efectiva de abastecimiento, Marina del Pilar podrá llegar al final de su administración con una obra directamente vinculada a uno de los problemas que más han aquejado a Baja California.
Si queda nuevamente atrapada entre retrasos, presupuestos, cambios de planes o promesas, se sumará a una historia que los bajacalifornianos ya conocen.
Ese es el tamaño del compromiso que Sheinbaum puso sobre la mesa.
Su visita a Tijuana dejó una avenida Revolución repleta, una estructura política que quiso mostrarse unida después de su competencia interna, una Julieta Ramírez fortalecida, un Ismael Burgueño llamando a cerrar filas, trabajadores de Telnor reclamando ser escuchados y una gobernadora que recibió respaldo presidencial para emprender una de las obras más ambiciosas de su administración.
El informe terminó, la multitud se retiró y la Revolución recuperó poco a poco su ritmo habitual.
Ahora viene la parte que importa para Baja California: comprobar cuánto de lo anunciado desde el templete logra convertirse en realidad













