Yolanda Caballero
Hay hombres que actúan con bestialidad investigada y confirmada y siguen libres e Impunes. Tal es el caso de Rubén Quiñónez, líder taxista, que desfiguró la cara a Diana Dávila, su pareja, 20 años más joven.
Gracias a su influencia y amistad con políticos, Rubén no ha pisado la cárcel, porque, en algo indignante, el Ministerio Público consideró que no quiso matar a Diana, sino solamente lesionarla, aunque esas «lesiones» dejaron cicatrices permanentes en su rostro y, al ser auxiliada tras la agresión, se desangraba en el baño de una gasolinera.
No soy pocos los que piden que Quiñonez sea juzgado por conducta brutal, a través de hashtag #rubenpresoya, que va tomando fuerza en redes sociales.













