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Baleados por la violencia: mueren un maestro y un veterinario que solo querían ayudar

Por Yolanda Caballero

Tijuana, Baja California.– Iban a ayudar. Iban a atender a un perrito. Iban a hacer lo que siempre hacían: dar. Y los mataron.

El maestro Xavier Damián Jiménez, de 47 años, y el veterinario Damián Lozano Durán, de 42, no llegaron a su destino. Los acribillaron dentro de un auto en la colonia Aguaje de la Tuna, esa zona que hace años pareciera se quedó sin ley, sin gobierno y sin compasión. Murieron ahí, sin siquiera bajarse del coche. El crimen fue rápido, sucio y sin razón aparente.

Las balas no discriminaron profesión ni propósito. Un profesor y un médico. Gente que educaba, que curaba, que vivía para los demás. Gente buena. Gente útil. Hoy, muertos por nada.

Los hechos ocurrieron la tarde del jueves. Testigos vieron a varios jóvenes armados acercarse al vehículo. Dispararon sin titubear. Uno de los agresores, menor de edad, huyó a pie con el arma aún en la mano. Se perdió entre las calles. Más tarde, la policía lo encontró: Bryan Armando “N”, 17 años. La violencia otra vez tenía rostro de adolescente.

 

Javier apasionado a su trabajo en el Colegio México

Xavier era maestro de inglés en el Colegio México. Un apasionado de la enseñanza, querido por sus alumnos, miembro de la comunidad Marista. Su hermana lo recordó con estas palabras: “Mi hermano amaba ser maestro. Por favor, mantengan a mis papás en sus oraciones.”

La escuela publicó una esquela. Pero quienes lo conocieron sabían que no bastaba un texto breve para describirlo.

 

“Tuve la suerte de coincidir con él. Un tipo brillante, divertido, viajero, buen amigo. No puedo creer que esto no sea solo una pesadilla. Te vamos a extrañar”

Damián, un hombre sensible y amaba a los animales

Damián Lozano era veterinario, egresado de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Tenía prestigio, clientes fieles, y amigos que lo adoraban. Uno de ellos escribió:

“No hay palabras. Descansa en paz, Damián. No puedo creerlo. Damiansin… por qué a ti.

En Tijuana, ni salir a ayudar es seguro

Tijuana vive en estado de guerra no declarada.

Un maestro y un veterinario asesinados sin motivo aparente. Ni estaban armados, ni debían nada. Solo iban a ayudar a un animal. Pero en esta ciudad enferma, ni ayudar es seguro.

¿Qué pasa cuando ya ni los buenos están a salvo?

Un niño de 17 años —apenas un año mayor que los alumnos del maestro asesinado— con un arma en la mano y sangre en la conciencia.

La ciudad está podrida en las orillas y en el centro. El Aguaje de la Tuna, donde ocurrió el crimen, ya no es una colonia: es una trampa. La ley entra cuando puede. Y cuando entra, llega tarde.

Hoy, Tijuana amaneció con dos menos.

Un maestro. Un veterinario.

Dos hombres que no tenían que morir.

Dos balas que no deberían haber sido disparadas.

Y un perrito que nunca fue atendido.

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