Padre Raymundo Camarena | Columna de opinión
Estamos en las postrimerías del año 2020, y algo que no podemos negar es que este año nos ha propuesto muchos retos, tanto en la vida personal como en la vida social, y esto nos ha traído muchas experiencias, tanto positivas como negativas, pero cada una de ellas nos ha traído una enseñanza.
Muchas veces nos preguntamos el por qué nos ha tocado vivir todo esto, y nos desesperamos, o peor aun caemos en ataques de ansiedad, muchas veces tenemos un pánico ante la pandemia, pero no debemos caer en el pánico, debemos de mantener nuestra esperanza firme en Dios.
Jesús en su predicación pide a sus discípulos que no tengan miedo. Ciertamente la fe debe de confortarnos y nos debe de dar esperanza para salir adelante.
Para muchos la respuesta de la fe parece insostenible, pues se preguntan, ¿cómo mantener la fe si he perdido a un familiar, mi trabajo, o vivo con la enfermedad? La respuesta que el Señor da en las Bienaventuranzas (Mt. 5, 2-11), y es que ahí propone ser feliz cuando se sufre, pero ¿quien podría decir que es feliz sufriendo? El sentido de las Bienaventuranzas no está en ser feliz cuando se sufre, sino en reconocer que nuestra felicidad no depende de las personas que nos rodean, de lo que tenemos o de la situación social, sino que nuestra felicidad depende de Dios.
Ahora bien, es nuestro deber poder ayudar a aquellos que nos necesitan (Mt. 25, 31-46), todos en la medida de lo posible podemos ayudar a aquel que tiene hambre, a aquel que ha perdido el trabajo, podemos ayudar a consolar a aquel que ha perdido a un familiar, a un amigo, en fin, todos podemos prestar nuestra ayuda a quien presenta algún tipo de necesidad.
¿Qué nos impide ayudar al necesitado? El egoísmo, el querer ver solo por nosotros, sin importar que nuestro prójimo sufra, ya lo dijo muy bien el dicho popular, “que cada quien se rasque con sus propias uñas” y es precisamente eso lo que nos impide ayudar. Si tan solo viéramos que desde niños hemos necesitado ayuda de los demás y correspondiéramos ayudando a los demás, otra sociedad sería la que tendríamos. Hoy mas que nunca debemos de esforzarnos por vivir en la solidaridad, en brindarle nuestro apoyo a aquel que lo necesita, para poder salir adelante en este mundo tan necesitado, pero para ello tenemos que abrir nuestro corazón y aprender a amar, no como lo hemos entendido, sino como Cristo vino a enseñarnos, el amor es el entregarnos en el bien de los demás, ya lo decía santo Tomás de Aquino, “el amor no es un sentimiento, es una decisión, pues es, buscar y procurar el bien a la persona que decimos amor”.
Es aquí en donde podemos generar hoy un verdadero cambio, es aquí en donde cada uno podrá ayudar a quien más lo necesita, es aquí en donde podremos vivir mas como una verdadera sociedad. Por ese motivo, hay que aprovechar esta época navideña en donde el sentimiento de bondad esta mas cerca de nosotros para iniciar un cambio de vida en donde busquemos ayudar a los demás, en donde busquemos ser felices y ayudar al prójimo a ser feliz.
Recuerda siempre que Dios es amor y te ama.











