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El feminicidio de Teresa Trujillo: un grito que no puede volver al silencio

Tecate, Baja California.–Teresa Trujillo tenía nombre, historia y como toda mujer, sueños. No era una cifra más, no una nota roja más. El 27 de septiembre fue apuñalada por quien alguna vez juró proteger a otros: un excomandante del Sistema Penitenciario. Antes de huir, intentó quemar el domicilio, como si el fuego pudiera borrar su crimen, su miedo, su cobardía.

Durante días, el silencio fue más ruidoso que la justicia. Hasta ayer, cuando la policía de Tecate lo arrestó —José Ismael “N”, de 44 años—, oculto en la colonia Alfonso Garzón (Nido de las Águilas). Lo hallaron tras una denuncia ciudadana, con heridas por quemadura en diferentes partes del cuerpo.


Hoy Teresa no está. Pero su nombre debe seguir resonando en las paredes, en las instituciones y en las conciencias.

Porque lo insoportable es que la violencia siga filtrándose desde dentro de las mismas estructuras que deberían protegernos.

La Fiscalía General del Estado tiene en sus manos más que un expediente: tiene una deuda con la verdad. Que no haya pretextos, ni encubrimientos, ni silencios institucionales. Que se investigue con rigor, con perspectiva de género, con el peso completo de la ley.

Cada feminicidio nos desnuda como sociedad. Nos dice qué tan poco hemos aprendido, qué tan poco escuchamos los gritos antes de que sea demasiado tarde.

Hoy Teresa no puede hablar. Pero nos toca a nosotros hacerlo por ella, por las que fueron y por las que todavía viven con miedo de ser la próxima.

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