Yolanda Caballero
Hay momentos en la política que parecen pequeños, pero en realidad marcan un antes y un después.
Esta semana, en el Congreso de Baja California, una joven diputada —Yohana Hinojosa Gilvaja— se plantó frente al Pleno y, sin rodeos, denunció lo que muchas veces se calla: el intento del poder de SILENCIAR a quien incomoda.
Con apenas unas líneas, sus palabras pusieron en evidencia un patrón preocupante. Dijo, textual:
“No les debo ninguna pleitesía, ni se las voy a deber. Si tienen algo que decirme, que me hablen directamente a mi teléfono”.
Una frase simple, pero poderosa. Una diputada joven diciéndole a dos alcaldesas —Claudia Agatón, de Ensenada, y Rocío Adame, de Rosarito— que NO le intimidan ni con intermediarios ni con presiones.
Porque sí, según denunció Hinojosa, ambas alcaldesas habrían enviado a personas para reclamarle por sus críticas, luego de que ella señalara irregularidades en las finanzas del municipio de Ensenada.
Y aquí viene lo delicado: ¿desde cuándo las observaciones legislativas se responden con reclamos personales?
¿Desde cuándo el debate político se resuelve con amenazas veladas o mensajes “por terceros”?
La política, si es democrática, debe sostenerse con argumentos, no con amedrentamientos.
Y el mensaje de la diputada resuena, sobre todo, porque toca un punto que todos debemos cuestionar: ¿por qué tanto nerviosismo desde los gobiernos locales ante una voz crítica?
Pero eso no fue todo.
La diputada Yohana fue más allá y lanzó una pregunta que todavía no tiene respuesta:
“¿Qué hace un espectacular de los ensenadenses en Tijuana?”
¿Un espectacular de una alcaldesa en otro municipio?

¿Con fines de informar o de promover una imagen personal más allá de su territorio?
Siento que, no hace falta ser experto para entender que eso huele a acto de campaña disfrazado de informe de gobierno.
Y eso, en tiempos donde la fiscalización y la transparencia deberían ser prioridad, es una señal alarmante.
Porque si todo es tan claro, bastaría una explicación: ¿por qué colocar su rostro en una ciudad donde no gobierna?
¿Acaso se prepara el terreno político para el futuro? Eso fue lo que la diputada Hinojosa se atrevió a decir.
Y por eso, quizá, intentaron silenciarla.
Pero más allá del caso puntual, lo que debe preocuparnos es el mensaje de fondo:
Cuando las mujeres en el poder —que deberían abrir espacios a otras mujeres, sobre todo jóvenes— se convierten en quienes buscan callarlas, estamos retrocediendo.

Diputada Yohana Hinojosa Gilvaja
Porque el poder femenino no se mide por cuántos cargos ocupan las mujeres, sino por la capacidad de escucharse entre ellas, de respetar la crítica y de rendir cuentas.
Yohana Hinojosa no es una figura de escándalo ni una rebelde sin causa. Es una legisladora que ejerce su derecho a cuestionar, a fiscalizar y a hablar con independencia.
Eso es, justamente, lo que muchos ciudadanos piden: una voz que no se doblegue ante el poder político establecido.
Así que, si hay espectaculares, que sean para promover la transparencia.
Si hay debates, que sean de frente y con datos.
Y si hay voces jóvenes dispuestas a cuestionar, que el poder no las silencie, sino que las escuche.
Porque en la política, lo verdaderamente peligroso no son las palabras de una diputada… sino el silencio de quienes deberían responderle.
Este es el panorama político en Baja California: mientras unas buscan ser vistas en espectaculares, otras prefieren ser escuchadas en el Congreso.
Y al final, el tiempo dirá qué deja más huella: una lona de vinil… o una voz valiente que se niega a callar.
fotos: internet











