Padre Raymundo Camarena | Columna de opinión
Hola amigos, ya estamos, por fin, en el 2021, esto nos invita a descubrir nuevos retos, muchos han realizado ya sus propósitos para este año, y por su puesto, hay nuevas esperanzas, pero no podemos bajar la guardia en ningún aspecto de nuestra vida, pues, si no nos esforzamos no podremos cumplir nada de lo que nos hemos fijado como metas.
La esperanza es una virtud que podemos verla desde el ámbito puramente humano, y nos indica que debemos tener fe y buen ánimo en que las cosas serán mejores, esto es lo que nos lleva a buscar siempre el esforzarnos por cumplir nuestras metas, pero ciertamente, el año que a pasado pudo hacer que menguase esta esperanza debido a que muchos pudimos perder familiares y amigos por el contagio del virus del SARS-CoV-2, o porque se perdieron empleos u otras situaciones trágicas en nuestra vida.
La perdida de la esperanza también se refleja en la perdida de la felicidad, lo cual a llevado a muchos a la depresión, a la ansiedad, al estrés que muchas veces nos afecta en nuestro día a día, y es aquí en donde debemos recordar aquel viejo dicho: “la esperanza muere al último”. Pero ¿cómo podemos hoy mantener esa esperanza? ¿Cómo podemos mantener ese buen ánimo? La respuesta a estas preguntas ciertamente es difícil si únicamente estamos pensando en el aquí y el ahora, pues esto no da espacio a la trascendencia.
La esperanza, vista desde la fe, es una virtud teologal que nos invita a poner nuestra confianza en Dios y que nos anima a plantearnos que este mundo en el que vivimos es pasajero, la verdadera felicidad esta en llegar a la Casa del Padre, a la cual Cristo nos a invitado a esforzarnos a llegar.
Ciertamente hoy es difícil tener esta esperanza en Dios y en la vida de la eterna bienaventuranza, ya que hemos quitado la fe de nuestras vidas, hay quienes lo consideran como una cosa infantil o de personas de poco intelecto, hoy se confía más en la ciencia que en Dios. Hoy nos falta la fe de nuestros mayores, que sabían que en Dios estaba la fuerza que los impulsaba a seguir adelante, a pesar de todos los infortunios que vivieran, hoy nos falta la esperanza de saber que Dios no nos abandonará, hoy nos falta el conocer a Dios, quien te ama y busca lo mejor de ti.
La esperanza es una virtud que nos hace mantenernos en pie, a pesar de todo, pues nos lleva a reconocer que “para el que cree nada sucede para mal, todo sucede para bien”, frase inspirada en san Pablo, que también me lleva a recordar el dicho popular, “Dios escribe derecho en renglones torcidos”. Es tiempo de buscar la trascendencia, que nos lleva a buscar ser mejores y a trabajar en el amor, para el bien de todos lo que nos rodean, buscando cumplir el mandato cristiano del amarnos como Cristo nos amo.
Hoy es tiempo de lucha, de aprender a vivir con esperanza y fe, que nos allane los caminos de nuestro año 2021 y de nuestra vida en general. Prospero año…
Recuerda que: Dios es amor y te ama…













