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Rachel dejó muerte y desolación en Maneadero: el campo se convirtió en un cementerio de cosechas y recuerdos

CRÓNICA ESPECIAL | MANEADERO, BAJA CALIFORNIA |

Yolanda Caballero

La tormenta dejó familias de luto, viviendas arrastradas por la corriente y una extensa zona agrícola cubierta de lodo y destrucción. Entre las historias de dolor está la de un niño de cuatro años que perdió la vida y la de Leonel, de diez, quien sobrevivió a la fuerza del arroyo. Mientras continúan las labores de recuperación, militares, marinos y elementos de la Guardia Nacional participan en la atención de las comunidades afectadas.

En Maneadero, la tristeza tiene nombres, edades y familias que ya no volverán a estar completas. Tiene el rostro de un niño de apenas cuatro años, de madres que no regresaron a casa y de quienes todavía buscan respuestas entre los escombros que dejó la corriente.

La tormenta Rachel no solamente inundó calles y destruyó viviendas. También se llevó vidas, sueños y años de trabajo. En cuestión de horas, el agua transformó una de las regiones agrícolas más importantes de Ensenada en un paisaje de devastación.

Donde antes crecían los cultivos, ahora quedaron surcos sepultados bajo el lodo, tierra desgarrada, caminos irreconocibles y restos de lo que alguna vez fue el sustento de numerosas familias.

Los campos de Maneadero se convirtieron en un cementerio de cosechas, una extensa herida abierta sobre la tierra. La fuerza de los arroyos arrastró vehículos, animales y todo aquello que encontró a su paso. En algunas áreas, la destrucción fue prácticamente total.

Pero ninguna pérdida material puede compararse con las vidas arrebatadas por el agua.

Los reportes publicados durante la emergencia registraron inicialmente siete fallecimientos; el balance aumentó posteriormente a por lo menos nueve víctimas mortales, según la información difundida el 17 de octubre. Entre ellas había menores de edad. Las cifras cambiaron conforme avanzaron los operativos de búsqueda en los cauces de Maneadero.

Una familia arrastrada por el arroyo: la tragedia de Aarón

La noche del sábado 10 de octubre, el arroyo El Pípila dejó de ser un cauce aparentemente tranquilo para convertirse en una corriente incontenible.

En sus inmediaciones vivía una familia cuya vivienda se encontraba junto al cauce. El aumento del agua terminó por arrastrarla, en una tragedia que conmocionó a los habitantes de Maneadero.

Imagen: INTERNET

Entre las víctimas estaba Aarón Vega Burgos, de apenas cuatro años. Su cuerpo fue localizado el lunes 12 de octubre en el área del arroyo Oaxaca.

La Fiscalía General del Estado confirmó también los fallecimientos de Ivonne Regina Terán Burgos, de 13 años; Ericka Ivonne Burgos Terán, de 35, y Silvia Lucero Burgos Terán, de 30, integrantes de la misma familia.

Sus nombres quedaron unidos a una de las páginas más dolorosas del paso de Rachel por Baja California.

La corriente no distinguió entre paredes, muebles o recuerdos. La vivienda fue arrastrada y con ella desapareció la seguridad que una familia había construido alrededor de su hogar.

En los días siguientes, los trabajos de búsqueda se extendieron por los arroyos, entre maleza, piedras, ramas y enormes acumulaciones de tierra. Cada hallazgo significaba una noticia dolorosa para quienes esperaban encontrar con vida a sus seres queridos.

Leonel: la vida que resistió a la corriente

En medio de tantas noticias de muerte, una historia abrió espacio a la esperanza.

Leonel, un niño de diez años, fue localizado con vida el martes 13 de octubre, después de haber permanecido desaparecido desde la noche del sábado.

La corriente también lo había arrastrado. Según los testimonios publicados posteriormente, el pequeño consiguió aferrarse a un árbol y resistir hasta que fue encontrado cerca del rancho Cárdenas. Había sobrevivido a una fuerza que cobró la vida de otros integrantes de su familia.

Pero haber salido con vida del arroyo no significaba que el peligro hubiera terminado.

Durante el recorrido periodístico que realicé por las calles de Maneadero, cerca del puente El Pípila, encontré a una de sus tías en medio de una escena profundamente conmovedora.

La mujer, visiblemente desesperada, se acercaba a militares que se encontraban junto a una ambulancia. Les pedía ayuda para su sobrino.

Tuve oportunidad de conversar con ella durante algunos minutos, me explicó la angustia que estaba atravesando su familia. Aunque Leonel había sido localizado con vida, no se encontraba bien. Existía la preocupación de que hubiera tragado agua durante el tiempo que permaneció a merced de la corriente.

Pude observar que en su rostro se reflejaba el cansancio de los días de búsqueda, el sufrimiento por lo ocurrido y el temor de que el niño pudiera presentar alguna complicación.

La respuesta de los elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional fue inmediata.

 

Personal médico militar acudió hasta el domicilio donde se encontraba el menor, en Maneadero, para realizarle una valoración. Una vez ahí, la atención no se limitó al pequeño sobreviviente: también se brindó asistencia médica a otros integrantes de la familia, así como apoyo psicológico por parte de personal de la Sedena.

Esta escena, documentada durante el recorrido periodístico, mostró otra dimensión de la emergencia: la de quienes, después de sobrevivir, todavía necesitan atención, acompañamiento y ayuda para enfrentar lo ocurrido.

Es evidente que salvarse de la corriente fue apenas el principio de una recuperación que también tendrá que sanar heridas emocionales.

Desde el cielo llegó la esperanza: rescatan a 32 personas atrapadas por las lluvias

En el rancho Génesis, en Ensenada, 32 personas, entre ellas 13 niñas y niños, 10 mujeres y 9 hombres, quedaron aisladas por las intensas lluvias de la tormenta tropical Rachel. Cuando los caminos dejaron de ser una salida, un helicóptero de la SEDENA llegó para devolverles la esperanza. También fueron rescatados tres perritos.

Gracias a las gestiones de la gobernadora Marina del Pilar ante la presidenta Claudia Sheinbaum, se realizaron cinco vuelos de evacuación para llevar a las familias a un lugar seguro. Entre la incertidumbre y el peligro, la valentía de los rescatistas hizo posible que 32 historias tuvieran un final de alivio y esperan

El campo herido: pérdidas millonarias y ganado arrastrado

La devastación también alcanzó el corazón productivo de Maneadero.

Las tierras agrícolas, que durante años han sostenido empleos y abastecido mercados, quedaron severamente afectadas por las inundaciones. El agua destruyó cultivos, dañó infraestructura y dejó extensiones de terreno cubiertas de sedimentos.

Al menos cinco empresas agrícolas reportaron pérdidas totales para el ciclo otoño-invierno. Representantes ejidales estimaron afectaciones de por lo menos 300 mil pesos por hectárea y pérdidas globales cercanas a los 50 millones de dólares, cifras sectoriales todavía sujetas a evaluación.

La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de Baja California informó, además, de la pérdida aproximada de 200 cabezas de ganado, una afectación que golpea directamente a productores de la región.

Detrás de cada hectárea destruida hay trabajadores, jornaleros, familias y productores que ahora enfrentan la incertidumbre de no saber cuándo podrán volver a sembrar.

Las autoridades: atención federal y diferencias sobre la declaratoria

Mientras los habitantes intentan recuperar sus viviendas y pertenencias, las instituciones de seguridad y auxilio mantienen labores de atención en las zonas afectadas.

Elementos de la Secretaría de Marina, la Guardia Nacional y la Sedena han participado en tareas de búsqueda, rescate y asistencia a damnificados, junto con corporaciones estatales, municipales y voluntarios.

Uno de los operativos más relevantes permitió rescatar por vía aérea a 32 personas que habían quedado aisladas en el rancho Génesis. También se habilitaron seis albergues en Ensenada y San Quintín.

La magnitud de los daños, sin embargo, ha generado diferencias entre autoridades municipales y estatales.

La alcaldesa de Ensenada, Claudia Agatón Muñiz, solicitó una declaratoria de desastre natural para gestionar recursos extraordinarios destinados a la reconstrucción.

El balance municipal reportó 596 viviendas con pérdida total y 859 con daños parciales. También estimó afectaciones en más de tres millones de metros cuadrados de caminos y vialidades distribuidos en 60 colonias.

Por su parte, la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda señaló el 19 de octubre que no procedía una declaratoria de emergencia o desastre, al considerar que las afectaciones podían atenderse mediante los recursos y mecanismos de coordinación ya disponibles. La mandataria informó de nueve viviendas destruidas en Ensenada, una cifra considerablemente menor a la presentada por el municipio.

Pese a las diferencias en las evaluaciones, el gobierno estatal ha informado que continúan los censos, la distribución de apoyos y la coordinación con dependencias federales. Para el sector agropecuario se anunció una bolsa inicial de diez millones de pesos y un programa de entrega gratuita de plántulas.

Maneadero, después de la tormenta

En Maneadero, el agua comenzó a retirarse, pero dejó una destrucción que no desaparecerá con la misma rapidez.

Quedaron familias en duelo, casas vacías, campos donde ya no se distingue lo que alguna vez estuvo sembrado y productores que deberán comenzar nuevamente.

También quedaron las historias de quienes acudieron a buscar desaparecidos, de los militares que atendieron a un niño sobreviviente y de los vecinos que, aun después de perderlo casi todo, se organizaron para ayudar a otros.

Rachel pasó por Ensenada en unas cuantas horas, pero sus consecuencias permanecerán durante mucho tiempo.

El lodo puede retirarse, los caminos pueden reconstruirse y los campos algún día volverán a producir.

Lo que no podrá recuperarse son las vidas que la corriente se llevó

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