Yolanda Caballero | Periodista
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Tuvo la oportunidad de cambiar a Tijuana y no lo hizo. Hoy sediento de poder, busca de nuevo gobernar y no administrar los recursos del Ayuntamiento para el bien de la población.
Escuchemos sus discursos. Están centrados en hablar de inseguridad, que según él resolvió.
También sostiene que hoy existen gobiernos improvisados. Que no se le olvide que el suyo también fue de ocurrencias e improvisaciones, sobre todo en Seguridad Pública, una área de suma importancia ante las masacres que se vivían en esos tiempos.
En ese entonces, el Teniente Coronel Julián Leyzaola era su director de Seguridad Pública y le renunció cuando ya no aguantó sus imposiciones, como las de solapar que Jesús Alberto Capella Ibarra, secretario de Seguridad Pública en Tijuana porque en lugar de ser un administrador se creía el ‘superpoli’.
Hay que recordarle a Ramos Hernández cuando se negaba a recibir al militar en retiro en su oficina, incluso el hoy presidente del PAN en Tijuana, Luis Rodolfo Enriquez, le toco vivir esa escena.
Pero cuando vio el documento de renuncia, llamo de inmediato a Leyzaola, corrió a Capella Ibarra y entonces le dio la Secretaría.
¿Con que cara, ahora viene a vendernos la idea de que su gobierno no fue improvisado?
Y hay que recordar que gran parte de los arrestos de peligrosos delincuentes eran realizados en aquel entonces por policías municipales, que hoy siguen viviendo en las mismas colonias y no con escoltas como lo hacían Ramos y Leyzaola Pérez.
Y parte de ese éxito en la seguridad se lo debemos al entonces General Alfonso Duarte Mújica, comandante de la Segunda Zona Militar. Destacado por resultados en beneficio de los tijuanenses y todos los bajacalifornianos.
Tampoco se acuerda que el Programa Integral de Rehabilitación de Vialidades (PIRE) no estaba ni en su plan de gobierno.
Fue hasta que el ex secretario del Gobierno de Baja California, Bernardo Martinez Borbón se lo propuso a través de CEMEX.
Le dio movilidad a Tijuana. ¡Si! Pero a qué costo? Endeudó a la ciudad por 20 años con un alto pago de intereses, que cada gobierno en turno ‘negocia’.
Y debido a ese pago mensual que hacemos los tijuanenses vía nuestros impuestos, hoy vivimos en la ciudad más endeudada del país, de acuerdo a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Tal vez el ex diputado federal y derrotado candidato a Senador de la República, considera que los tijuanenses somos clientes de sus pláticas de liderazgo pastoral.
PARTE I












