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Tenía dos años. Su madre la dejó con un desconocido y se fue corriendo.

 

Yolanda Caballero

TIJUANA.— Tenía apenas dos años. No podía entender qué pasaba.

La mujer que la llevó de la mano hasta la puerta, que debía cuidarla, protegerla, ser su refugio… la dejó ahí y se fue corriendo. Así, sin más.

El caso ocurrió en el fraccionamiento Urbi Villa del Prado y fue reportado al 911 por personas que no sabían qué hacer con la niña que acababan de recibir. No era su familiar. No era su responsabilidad. Solo fueron el lugar donde la dejaron.

Fue el Escuadrón Violeta de la Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana (FESC) quien respondió al llamado. Cuando llegaron al domicilio —en la Privada Almel—, encontraron a la niña en brazos de los vecinos, quienes no sabían nada de ella.

Solo sabían que una mujer se las dejó. Que no volvió. Que se desentendió.

La niña fue revisada. No tenía golpes ni lesiones visibles. Pero el daño real es otro.

¿Qué siente una niña de dos años cuando la persona que más ama huye de ella?

Tras brindarle alimento y acompañamiento, la menor fue trasladada a las instalaciones del Sistema DIF Estatal, donde se activó el protocolo del Sistema Violeta. Ahí, al menos, estará segura. Por ahora.


Pero la pregunta no se va:

¿Qué tiene que estar pasando en la mente de un adulto para abandonar a su hija como si fuera un problema que se puede dejar en manos ajenas?

Desde la Secretaría de Seguridad Ciudadana se hizo el llamado de siempre: si ves a un menor en situación de riesgo, marca al 911 o al 089.

Pero este caso deja algo más: un golpe directo a nuestra indiferencia. Porque mientras unos abandonan, otros —pocos— todavía responden.

 

 

Y mientras no exijamos justicia, recursos y consecuencias para estos actos, lo anormal seguirá siendo costumbre.

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